martes, 3 de agosto de 2010

Julio Abelardo Luza Gironzini, el quasar de la vida poética en el siglo XXI

Por: Fernando Chuquipiunta Machaca

Julio Abelardo Luza Gironzini (Huancané-1945) es, sin duda alguna, un alarife de las palabras que hace algunos años llamó la atención de la crítica oficial con "Tambores Pluviales", un maravilloso libro de corte vanguardista y audaz que reveló a una de las voces más complejas y vitales de la generación de de los 60s ó 70s; lo hace a través de un extenso y escarpado proceso creativo, llega a las librerías más importantes de la ciudad de Puno ahora con "Eternidad y Canto", un poemario que denota una búsqueda en los caminos de la consciencia para expresar emociones impregnadas en su ser a través de los caminos que le toca vivir a cada hombre. Su voz, cada vez, mucho más madura y comprometida con la expresión ideo-estética.

"Cuando escribo poesía encuentro algunas vetas temáticas que me permiten desarrollar metafóricamente-digamos-exploraciones emocionales. Sin embargo, con el tiempo esas vetas tienden a confundirse. Porque el poeta es, al mismo tiempo, artesano, arquitecto y genio de la palabra. Cada palabra es como un ladrillo, si no está colocado en el lugar preciso la construcción poética se cae; pero, al mismo tiempo, tiene sensibilidad para que suene bien, para que se vea bien, y si se pudiera tocar el poema es decir si pudiera tener una dimensión más sería algo fantástico; así “Tambores Pluviales", que en un inicio representó, como un juguete recién descubierto, se fue constituyendo en un desafío, en un proceso de experimentación; eran poco menos que improbables articulaciones, pero luego el libro se fue decantando hacia las figuras que prevalecieron, después de cada intención y ejecución, de manera general que, fuera de tener un edificio e ir de habitación en habitación, en la que se encontraran cosas nuevas cada vez. Eso no implicó que la estructura básica que podría llamarse antológica no se perdiera, ni que se sintiera que existe un recorrido por diferentes caminos poéticos, algunos amigos de la crítica sostienen que es una arquitectura verbal. De “Las Manos Vacías” su libro inicial, nos dice que “tuvo una génesis similar, pero donde el sujeto lírico se hizo con las fibras del alma", asegura el poeta Julio Abelardo Luza.


"Para la selección de los textos seguí dos criterios: el gráfico y el conceptual. El primero implica evaluar qué tan bien te ha ido en ese corpus dimensional que tiene todo poeta: de hacer imágenes con palabras. Se pueda pensar que la unidad de valor en la poesía es el poema, no la obra, porque hay poemas que identifican al poeta, por ejemplo “Los Heraldos Negros” nos hace pensar rápidamente en Vallejo o el “Poemas Veinte” en Neruda, pero el poeta se debe a su obra como una integridad, me refiero al texto completo de un libro. Lo mismo un poeta puede escribir muchos libros y lo identifica uno, como en el caso de García Márquez con Cien Años de Soledad, o Vargas Llosa con su La Ciudad de los Perros, no siendo su obra cumbre. El segundo criterio pasa por ver de qué manera los poemas se apoyan entre sí de tal manera que se configura un cordón umbilical, una caja de resonancia que les permite potenciarse unos con otros", reflexiona el autor.

Las descripciones son el elemento básico del libro, y Julio Abelardo Luza Gironzini apela en ellas a todo su talento poético conjugando imágenes, metáforas y símiles con elaborados juegos verbales y un verdadero virtuosismo en el manejo de la retórica. Estas extensas y deslumbrantes descripciones mantienen siempre la frescura y el espíritu lúdico propio de la juventud de los liróforos celestes. Dicho de otro modo, el laureado intelectual chirihuano Julio Abelardo Luza Gironzini recoge estas influencias espirituales, aparentemente contradictorias, para crear a partir de ellas una obra personal, original y valiosa. De la misma manera, sus poemas engarzan las dimensiones líricas, llenas de caligramas dedicadas a la vida y a la esperanza, pero escritos, esencialmente, con una luz poética distinta y renovadora.

2) ENTREVISTA



En el libro "Eternidad y Canto" percibo una variedad de voces que van desde la nostalgia, el despecho a la soledad, la tristeza, entre otras características.

Sí, pero no solamente existen estas voces, como bien has dicho, existe una variedad de voces y sensaciones a través de ellas. También existe calma. En este segundo libro,” formalmente editado, es decir que pase de mil ejemplares y que tenga por lo menos cincuenta páginas”, existe una isla que da calma y en ella se forjan nuevas fortalezas, nuevas soledades, nuevos reencuentros. “La nostalgia ya es, para mi, un sentimiento natural al que me voy acostumbrando poco a poco; ya no me causa pavor extrañar tanto, a pesar de que del terruño del que no puedo prescindir, diría que sus calles, sus esquinas, sus pampas, cerros, sus apus y achachilas están en cada momento en mi recuerdo. Las distancias se encogen cuando se piensa más despacio, y la poesía ayuda bastante”.

Un elemento protagónico del libro es el lenguaje.

El lenguaje, sin duda, es el protagonista de la obra, de mi vida, del mundo. Sin el lenguaje nada existiría, ni siquiera las emociones podrían materializarse. En mi libro, y en mi poética, intento trabajarlo de una manera bastante personal. Juego con él, aunque pueda sonar redundante. A veces se puede pensar que el lenguaje te mira; el problema es cómo le sostienes la mirada. Ahí llega la poesía también. Ojala pronto podamos manejar las imágenes ologramáticas, así podríamos tener poemas en tres dimensiones y con música. Sería el poema total.

José Gabriel Valdivia destaca la unidad de su libro "Tambores Pluviales". ¿Cómo así decides afrontar el poemario de esa manera?

El poemario fue creado con la intención de mantener una unidad, un hilo conductor que mantenga no sólo en la temática, sino también las voces que se intercalan en los poemas fijos, sin perderse entre ellos. Me interesa que el libro sea un “todo” orgánico, capaz de mantenerse en pie por sí mismo. Siempre existe una intención de “orden” en los libros; aunque sea un orden subjetivo, personal, aleatorio, siempre existe.

3).- Sobre la actividad Cultural

Creo que hasta ahora en la creación en general, cada artista, músico, pintor, escritor o poeta debe valerse por sí mismo, ahora que veo que hay nuevas generaciones que ingresan por la puerta grande al camino de la creación, debiera existir un mayor apoyo a la publicación de libros, exposición de pintura, muestras esculturales, conciertos de música regional nacional y música clásica que siempre nos permite extraer de nuestro ser otras experiencias y situaciones espirituales que amplían nuestro mundo creador. A nuestras autoridades locales que debieran interesarles impulsar el arte y la creación en general, porque si no nuestros pueblos se mueren de inanición y de hambre espiritual. Para hacer cultura no se requieren grandes presupuestos, si se crea la necesidad de leer, de escuchar música o de ver exposiciones de pintura o escultura., existirán mayores posibilidades de producción más cosas para atender esas necesidades y así todos nos beneficiamos. Lo que entendemos es que la cultura, es todo lo que hacemos todos los días y en todos los lugares, y los pueblos la necesitan para sobrevivir al proceso avasallador del mercantilismo emprendido por los países poderosos del mundo sórdido, por eso los artistas son considerados como seres extraños.

4) POEMAS:

Ofrecemos dos poemas de Julio Abelardo Luza Gironzini y que pertenecen a su libro inédito “La Epifanía de una Flor”



1

Han de tardarse en llegar los amigos

con su soledad de rostros humedecidos

de tanto invierno y queriendo morir

en los últimos rincones del alma.

Cuánto han de tardarse los amigos

en llegar y si no me encuentran

se irán con la tristeza de los ojos

o con sólo su soledad

y mis labios humedecidos.

Que no sea tarde cuando regresen

que encuentren intacto mi dolor

y que saquen la cuenta de estar atados

por tanto tiempo.

Que no sea tarde cuando me encuentren

saboteando mi soledad

con ese dolor que me duele hasta en el alma


5

No se puede hacer la diferencia entre la luz

y el juramento escondido en el manantial

rojo de los atardeceres

desde este rincón de la luna que se extingue azul amarilla

los atardeceres se visten de luz brillante

cuando los caminos se unen

y los amantes recogen sus manos

en oración contrita


el manantial ha recogido sus aguas

desde la última forma de los besos

que le alumbran el alma

y que le escriben versos en roca viva


Julio Abelardo Luza Gironzini

Poemas de Alexander Hilasaca: Memorias de una verga

Las letras entre tragos

Escribe: César Machaca

“El realismo sucio en la poesía del poeta puneño Alexander Hilasaca, plasmado en su poemario Memorias de una Verga”.

La gerencia de desarrollo social del gobierno regional Puno, invito al joven poeta Alex Hilasaca Machaca, el pasado 14 de julio, a los denominados “Poesía de Miércoles”, donde el vate se presento con el poemario orgánico titulado “Memorias de una Verga”, dicha actividad se desarrolla de forma frecuente. El autor recito sus tres poemas, posteriormente se sometió a una serie de interrogantes y concluyo con tres poemas; tanto al inicio como al final, vario con poesías inéditas. Más que de carácter formal y rigurosa fue una reunión y diálogo en un clima de confianza entre los asistentes y el poeta.
Su poesía demuestra la influencia del “Realismo Sucio”, plasmado en su trabajo poético. Quien sea pensaría que tiene un lenguaje brusco de ninguna manera es así, a ello el autor manifiesta: “Que ha realizado en un contexto imaginario y agrega también, que esto ocurre en la vida real”. Por tanto, su temática presenta un lenguaje poético metaforizado, a través de la corriente del realismo sucio. Así como surgió por los años 70-80 en los Estados Unidos, con los narradores John Fante (1909-1983), Charles Bukowski (1920-1994),Raymond Carver (1938-1988), Richard Ford (1944), Tobias Wolff (1945) y Chuck Palahniuk (1962) y la presencia de los cubanos Pedro Juan Gutiérrez (1950) y Zoé Valdés (1959), dicha corriente literaria antes citada no solo repercute en la narrativa, sino también en la poesía, lo cual tiene características propias, por su tendencia.
Su trabajo demuestra cierta madurez en cada uno de sus versos, donde cada uno de sus poemas crea un imaginario o donde tal vez describe la vida real, así como lo manifiesta el autor líneas arriba. Esto significa que el autor tiene un estilo propio que de ninguna manera trata de agredir, lo propio que es acogido por sus lectores por su lenguaje estético compuesto en base al realismo sucio. Este trabajo de ninguna manera puede ser mal visto ni prohibido, por que los lectores apasionados también degustan. Aquí podemos ver una clara muestra de no de sus poemas inéditos.

(poemas de trago corto y de mucha resaca).

SOY EL EBRIO
Soy el ebrio que camina
en la pobreza de un plato
en la sequedad de un pan
El que bebe
naturalmente de su musa
con los tentáculos de la inspiración
sentado en la Narcisa sonrisa del viento
con la juventud deshecha en el cenicero
soy el ebrio que acaricia a la muerte
y no deja de jugar con ella
el que se orina en las razones
y se caga en la vida
soy el ebrio que ama
los libros de revolución
los entiendo tanto como
cuando un perro llora en su agonía
soy el ebrio el que sueña aun con treinta grados de alcohol
en el cerebro
el que no deja de inventar un nombre en la distancia
soy el ebrio que comparte su niñez
con las aves
el que renunció
a las estupidas leyes
que a diario se cuelgan en la inocencia de la gente
soy el ebrio que entregó su cariño
a los animales sobre todo a los perros
los entiendo tanto como a VALLEJO y NITCH
soy el ebrio que ríe de noche y llora de día
el que regala sus versos a la soledad
el que baila en el silencio
el que no deja de sufrir
por un maldita moneda
soy el ebrio el que camina entre la realidad y el sueño
buscando entre los basurales algo de ti.

Alfredo Herrera Flores: En el mar de la lírica


Escribe: CAMILO H. SÁNCHEZ SERRUTO

Alfredo Herrera Flores Alfredo Herrera Flores (Lampa, Puno. 1965) poeta puneño y navegante perpetuo de la lírica vuelve al cordón umbilical de la prosa amorosa con Mar de la intensidad que será publicado este año. De vuelta por la tierra del origen de los orígenes, confirma una vez más que Puno sigue siendo una tierra de posibilidades infinitas. De maravilloso y enigmático paisaje, de mágico y subyugador lago.

Hablando de su poesía con Mar de la intensidad vuelve al verso lírico que trabajó con inusitado éxito y que le valió el premio Copé de Poesía de 1995. Con siete libros de poesía en su estante personal, volverá este año con dos libros más que publicará. Ahora, después de su navegar por el mar de varias ciudades está radicando en la ciudad del Cusco.

Siempre será reconfortante adentrarse por esa vena sublime y sin tropiezos que es su poesía. Desde Montaña de jade hasta este último libro, Alfredo continúa navegando, fiel y timón en mano y mirada infinita por los mares no del desasosiego como desde la otra orilla nos ofrece Fernando Pessoa; sino por un límpido mar infinito donde espera que lo reciba como a un puñado de flores.

Mar de la intensidad

En el mar del sur
hay lluvia de palabras,
canto incompleto.

Un paisaje se dibuja mar en el color de tus aguas mansas, un paisaje se diluye en el color de tus aguas violentas. El tiempo habita también tus aguas, paciente, con un poder oculto y silencioso, listo para aniquilar el sueño y atormentar a las criaturas con su capacidad de dejar huellas, marcas, arrugas. Es otra guerra, más letal, desgarrada, ciega y sin pausa, pero es la misma historia, mar. Y cada cita, cada encuentro, cada vez que el desamparo acecha, el tiempo vuelve, hacia el principio, o el final.
Todos tenemos heridas causadas por el tiempo. La muerte nos sigue los pasos. El mar es buena tumba. Ah sepultura, mar de la serenidad, acógeme como a un puñado de flores.
Nadie espera, salvo alguna palabra de despedida, una voz funeral, una humedad y el hastío. El mar nos acoge, libre, como en un sueño.
Cada palabra que se une al poema merece un canto. Hay un viejo y ciego vigía que las ordena, haciendo uso de un secreto y antiguo don. El sueño se precipita, denso y mudo, nosotros somos todo y ninguno, frecuentes, habitantes y herederos de la costumbre, el sueño es una hazaña que se celebra al alba, con el tenue sonido de las olas. Ah rumor de las olas.

viernes, 30 de julio de 2010

La peruanidad desde nuestra cultura viva


Evidencias Lingüístico–Históricas del Jaqi-Aru Como Lengua de la Cultura Wari

Escribe: Justino Llanque Chana

“Los andinos no son originarios de la India. Si los llamados expertos de ciencias sociales continúan con el error histórico de Colón están equivocados y desacreditan a la llamada ciencia. La ciencia en sí, verifica, coteja, examina, las realidades en su contexto y rectifica las falsedades. El flagrante error fue para el confundido Colón y no puede oficializar las ciencias sociales esa falsedad, a no ser que promuevan ignorancia y falsedades. Ya basta mencionar a otro error garrafal de los invasores de llamar a nuestro país con un vocablo caribe, sobre este asunto el historiador Raúl Porras Barrenechea protestó y lo puso en evidencia y ningún experto salió a la palestra. De igual modo ocurrió con nuestra región, su nombre fue fabricado por los extranjeros de la era colonial, las mayorías subyugadas no tuvieron ni voz ni voto para reclamar el verdadero nombre de su región, ni de su patria, ni de su lengua, ni menos del continente.” Diario Los Andes, Carta al Director (opinión): Puno, 20 de Enero, 2009



Justino Llanque Chana
El objetivo del presente estudio es analizar las evidencias lingüístico-históricas del Jaqi-Aru como lengua de la cultura Wari. Este estudio, a su vez, contribuye a delinear la evolución cultural andina, ubicando a la cultura Wari en el mapa geográfico e histórico del mundo andino.

Antes de la llegada de los españoles, en 1532, la región de los Andes estaba dominada lingüísticamente por lenguas mayores como Qhichua (Runa Simi), Aymara (Jaqi-aru) y Puquina. Estas lenguas eran los medios de comunicación más divulgados, inclusive antes del advenimiento del Imperio Inca (Torero 1974). Según las investigaciones lingüísticas de M. J. Hardman (2001), las lenguas de la familia Jaqi aru dominaron en los Andes entre los años 400 hasta 800 de nuestra era. Incluimos los siguientes datos cronológicos en este estudio para ubicar y resaltar la identidad lingüística de la cultura Wari, debido a las ligazones históricas de la lengua Aymara con esa cultura.

En general, los historiadores, lingüistas y arqueólogos apuntan sobre este tema en la misma dirección; es decir, que la cultura Wari se desarrolló entre 600 y 1200 DC y que tenía por lengua una de las variedades de la familia Jaqi aru. Es de notar que en la actualidad los nativos hablantes aún designan a su lengua como Jaqi-aru en vez de Aymara. Entre los investigadores, tenemos a los arqueólogos peruanos Julio C. Tello y Mejía Xesspe, quienes tenían conocimiento de esas lenguas. Otros investigadores también indican que la existencia actual de las lenguas Jaqi-aru verifica dichas aseveraciones; entre ellos tenemos el arqueólogo alemán Max Uhle, la etnohistoriadora Helaine Silverman, la lingüista M.J. Hardman y el arqueólogo Mike Moseley.

Sin embargo, el etnohistoriador Gary Urton es quién revela con documentos históricos mayores detalles sobre la cultura Wari. En el Archivo de la Nación (Lima), Urton encontró la Visita de Acari (1593) donde se incluyen los títulos del valle de Nasca, memorias de compra y venta, entre otros. En estos documentos consta que la propiedad de esas tierras era dual a la manera tradicional andina. Los curacas principales Don García Nanasca y Don Francisco Ilimanga eran herederos y propietarios tradicionales del valle de Nasca (Urton 1990). Urton descifra también muchos datos históricos del valle de Nasca, tales como la organización social del valle, los nombres geográficos o topónimos y en especial los nombres patronímicos (genealogía). En este aspecto el documento especifica los ayllus (comunidades) con topónimos y patronímicos Jaqi-aru que hoy se usan regularmente, tales como: Jaqui (Jaqi), del ayllu Hakari (Jaqiri), del ayllu Atiquipa, Atico, Collana, Chapara, Molloguaca, Caraville, Ocoña, Tirita, Acopana, Canta, Poromas, Collao, Samancaya, Humana, Achacone, etc. Estos denominativos también servían como nombres geográficos y a su vez como nombres genealógicos, como se usan actualmente. Además, el documento presenta una lista patronímica que especifica a cada individuo por su nombre, tales como: Martín Lucana Chana, Diego Pacari, Domingo Llallichana, Francisco Sulca, Juan Bilca, Marcos Umasi, Pablo Nanacsalla, Catalina Uricuzi, Francisco Jaymalla, entre otros (Urton 1990).

Para nuestro estudio, estos documentos y datos históricos son de suma importancia porque demuestran con autenticidad que la cultura Wari tenía como lengua una de las variedades de la familia Jaqi aru de la cual el Aymara de hoy es una variedad mayor. Especialmente si nos enfocamos en el contexto lingüístico se constata que en el topónimo/patronímico Nanasca ha ocurrido un metástesis lingüístico (inversión de sílabas)1 que viene a ser el vocablo Nanaksa de la familia Jaqi-aru en el Aymara de hoy.

Al examinar la semántica del patronímico Nanaksa (Nanasca) con la caída de la primera sílaba [na] resulta ser el nombre del valle de Nasca actual; pero la semántica original de Nanaksa (Nanasca) permanece: nuestra tierra, nuestra parte, nuestra propiedad y que pertenece a nuestro ayllu (comunidad). El análisis morfológico de Nanaksa [na/nak/sa] nos presenta lo siguiente:
• la primera sílaba [na] es alomorfo o variación del pronombre Naya que significa “yo y los míos”
• la sílaba {-nak} es el morfema [-nak(a)] sin la vocal final y que indica plural
• el sufijo [-sa], marca el demostrativo/posesivo que significa “de nosotros”

Por otra parte, el nombre Jaqui (Jaqi) es un denominativo Aymara que significa humano. Este vocablo del documento de la visita de Acari es más impactante para nuestro propósito porque además de ser nombre de lugar es patronímico de muchas comunidades (ayllus) andinas de hoy. Este topónimo también lo encontramos actualmente en el departamento de Arequipa, en la provincia de Caraveli (Qarawilli), distrito de Jaqui (Jaqi); y también en el departamento de Apurimac, en la provincia de Cotabambas (Qutapampa), distrito de Haquira (Jaqi/ra).

Asimismo, encontramos este topónimo en la provincia de Anta, departamento de Cusco, como es el caso de Jaquijahuana (Jaqi/qhawa/ña) donde se libró la famosa guerra civil entre los conquistadores. Actualmente, estos patronímicos Wari siguen siendo usados como apellidos, tales como: Jaqi (Humano), y sus derivaciones Jaquiwa, Jaquini, Jaquima, etc. Otro patronímico es el vocablo Aru (lengua) que existe en Aymara de hoy con sus derivaciones Aruni, Arusquipa, Arucutipa, Aruntani, etc. También encontramos el término compuesto Jaqaru (Jaqi aru) que significa lengua humana y tiene como derivaciones: Jaqaru, Jaqaruni, Jaqarusi, etc. Como se ha indicado anteriormente, estos topónimos/patronímicos actualmente están dispersados por todos los territorios por donde se desarrolló la cultura Wari. Los ejemplos que anotamos aquí han sido refonemizados en algunos ejemplos porque sufrieron transliteración a través de la historia.

Los documentos de La Visita de Atico, La Visita de Arequipa y La Visita de Caraveli en 1549 (Galdos-Rodriguez 1976) entre otros, nos demuestran incuestionablemente la realidad social y lingüística de estas regiones en aquella época. Particularmente La Visita de Acari en 1593 (Urton 1990) verifica que los valles eran organizados como ayllus (comunidades) que tenían conexiones interdependientes con grupos étnicos de Lucanas y Aimaraes específicamente. Además, estas conexiones eran de nivel político y social con otras poblaciones de los Andes centrales. Más al sur, el Reino Lupaqa estaba organizado de la misma manera. Aquí el vocablo Aymaraes, que está castellanizado con la sílaba final {es}, tiene mucha importancia histórica porque se refiere a lugares geográficos y por su relación con el origen del nombre de la lengua que estamos estudiando. Los datos históricos y los diccionarios de la época nos indican que el término Jayma es definido como trabajo u obra ejecutada en beneficio comunal, para provecho de la comunidad (ayllu) en general. Además, este vocablo Jayma actualmente se usa como el nombre de la lengua (Aymara) agregándose con el sufijo distributivo/plural de [-ra], como el caso de waylla/ra (waylla en serie). Anoto aquí que la pérdida de la consonante velar fricativo inicial [j] es común en la lengua Aymara de hoy (Ayma en vez de Jayma) por la influencia de castellano.2 El sufijo [-ra] denota el morfema distributivo y plural en serie. En este sentido, interpretamos que los pobladores de la región de Aymaraes originalmente eran pobladores dedicados a trabajos en tierras comunales, en beneficio de toda la comunidad, como la construcción de puentes, caminos, canales de irrigación, viviendas, templos, etc., característica cultural del imperio Wari como nos revelan los documentos históricos ya mencionados. Precisamente verificamos estos topónimos en las provincias de Aymaraes, Apurímac, y al borde del río Mala (Aymara) en la provincia de Cañete, Lima, en los territorios del Wari antiguo.

Los cronistas, testigos que siguieron de cerca los acontecimientos de la época de la conquista, nos han dejado documentos fehacientes en relación al Aymara. Entre ellos tenemos a Polo de Ondegardo (Llanque 1974) quien usa por primera vez el término Aymara refiriéndose a la lengua en 1559. También lo hace el cronista Antonio Vásquez de Espinosa en 1630 refiriéndose a ella como segunda lengua principal de los andes centrales (Llanque 1974). Pero el eminente jesuita Ludovico Bertonio es quien describe con abundantes detalles la lengua Aymara (Jaqi aru). Su obra Vocabulario de Lengua Aymara impresa en Juli en 1612 es un documento histórico en el que el autor elabora una lista de nombres de regiones de la lengua Aymara (Jaqi aru) entre los periodos antes y después de la conquista española. En su dedicatoria, el autor menciona que la nación Aymara estaba conformada de diversas provincias como: Canas, Canchis, Pacajes, Carancas, Quillaguas, Charkas, etc. En el caso de las provincias peruanas de Canas y Canchis, a pesar de ser de origen de habla Jaqi aru, ésta fue desplazada por la lengua Qhichua (Runa-simi) en los últimos siglos de periodo colonial. Por otro lado, el jesuita Bertonio especifica las lenguas como Aru, o sea lengua o habla; así dice “Castilla Aru, Roma Aruni” (Bertonio 1612 [facsímile 1984]).

Las visitas coloniales son otros documentos que aclaran muchas dudas sobre este periodo histórico. En especial, las visitas de Chucuito, Huánuco, Acarí, Ica y Arequipa son para nuestro estudio de gran importancia porque por medio de ellas podemos interpretar la situación socio-económica, cultural y lingüística, durante el último periodo Inca y las primeras décadas de la conquista. En este sentido, tenemos al etnohistoriador John V. Murra, quien interpreta el documento La Visita Hecha a la Provincia de Chucuito por Garci Diez de San Miguiel en el año 1567 (Murra 1975). En su obra, Murra describe el control vertical de un máximo de pisos ecológicos en la economía de las sociedades andinas; específicamente sobre la economía pastoril, de los tejidos, la agricultura, y las autoridades étnicas tradicionales de aquel tiempo. También, Murra comenta sobre otro documento El Padrón de los Mil Indios Ricos de la Provincia de Chucuito en el año 1574 hecho por Frey Pedro Gutierrez Flores. Estos documentos evidencian la interconexión de los valles costeros y las sociedades alto-andinas, para aprovechar al máximo los recursos naturales, tales como agua, tierra y alimentos. Estos documentos demuestran también interdependencia entre las diferentes regiones andinas como son los valles de la costa del Pacífico y las regiones de la ceja de la selva con las sociedades alto-andinas.

Evidentemente aquí tenemos las pruebas históricas de las tradiciones sociopolíticas de la cultura Wari, que fueron los mejores exponentes de la armonía político, social, ambiental y económica andina. En términos lingüísticos, esta armonía también tuvo lugar desde tiempos del horizonte medio de la cronología andina hasta el advenimiento de la sociedad Inca, como lo anota el arqueólogo Mike Moseley (2001). Para nuestro propósito, el documento histórico de La Visita de Chucuito de 1564 nos ha verificado que estos reinos fueron – y todavía son – de habla Aymara (Jaqi aru). En este mismo territorio (Chucuito, Juli) se escribió la primera gramática y vocabulario de la lengua Aymara por Bertonio en 1612. Además, los cronistas nativos también revelan el panorama sociolingüístico de aquellos tiempos. Entre ellos tenemos a los cronistas Guaman Poma de Ayala y Santa Cruz Pachacuti Yamqui Sallcamayhua, entre fines del siglo XVI y comienzos del siglo XVII. Guaman Poma, en su crónica Nueva Coronica y Buen Gobierno (Urbano y Sánchez 1992) incluye textos Qhichua, Aymara y Castellano.

Estos textos narran en detalle las actividades de los colonizadores españoles entre los pobladores andinos subyugados. Para la elaboración de este documento, Guaman Poma recorrió por muchos años todos los pueblos andinos como intérprete y llegó hasta Potosí (hoy en Bolivia) en su peregrinaje. Guaman Poma era producto de aquel tiempo histórico donde las lenguas se intersectaban armónicamente y, por eso, no era ajeno a esa realidad lingüística en la cual él mismo resultó ser hablante de tres lenguas: Qhichua, Aymara y Español (Ferrel 1996). Los escritos del cronista claramente nos indican que las actuales provincias de Lucanas, Parinacochas, Coracora y los departamentos actuales de Ayacucho y Apurímac eran de habla Jaqi aru. El lingüista Rodolfo Cerrón-Palomino también verifica que las regiones de Ayacucho, Cusco, Apurímac y otros, eran todavía territorios de lengua Aymara hacia los fines del siglo XVI y comienzos del siglo XVII (Cerrón-Palomino 1998).

Otro cronista andino, Santa Cruz Pachacuti Yamqui Sallcamaygua, confiesa ser de “Anan y Urin Guaygua de Canas y Canchis de Orcusuyos” (actual provincia de Urcos del departamento de Cusco). Este territorio pertenecía a la región de Collasuyo de habla Aymara como lo testifica el jesuita Bertonio en su dedicatoria del Vocabulario de la Lengua Aymara en 1612. Pachacuti Yamqui Sallcamaygua es todavía Aymara hablante, en el siglo XVI, cuando la lengua Qhichua (Runa Simi) empieza a difundirse (a causa de los conquista española) y comienza a desplazar el Aymara (Jaqi aru) entre los siglos XVI y XVII aproximadamente (Torero 1974). Este mismo cronista es quien dibuja el templo de Coricancha en su obra Historia de los Incas, la que anónimamente fue titulada Relación de Antiguidades Desde Reyno del Peru (Urbano 1992); en su obra expone imágenes abundantemente representativas de las culturas y religiones andinas y lenguas (Qhichua, Aymara y castellano).

Finalmente, contamos con otra evidencia histórica que el Aymara (Jaqi-aru) se hablaba en los andes centrales y hasta en cortes incaicas al examinar el Cantar de los Incas del Cusco recogido por el cronista Juan de Betanzos (1551). Este cantar también es titulado como El Cantar de Inca Yupanqui y La Lengua Secreta de Los Incas. Este documento había sido explicado e interpretado por varios autores sin mucho éxito. Posteriormente ha sido analizado minuciosamente por el lingüista Rodolfo Cerrón-Palomino, quien lo explica fonológica y morfológicamente y lo ubica en el contexto histórico y social de la época.

Después de revisar la estructura morfológica, fonológica y semántica de las lenguas Qhichua y Puquina, Cerrón-Palomino determina que El Cantar del Inca Yupanqui y La Lengua Secreta de Los Incas habría sido una variedad del actual Aymara, con trazos Puquinas. A continuación presentamos el texto del cantar analizado (Cerrón-Palomino 1998).

El autor hace énfasis en que la lengua Aymara es una lengua pan-andina y pre-Qhichua en los Andes centrales de los siglos XVI y XVII y además agrega que dicho texto es de perfecto cuño Aymara, como se descubre al desatar su estructura lingüística. Inclusive agrega que el topónimo Qosqo (Qusqu) (hoy Cusco) es de raíz Aymara. Como se ha mencionado anteriormente, la lengua Aymara (Jaqi aru) dominaba todavía los Andes centrales en los siglos XVI y comienzos del siglo XVII para luego ceder su predominancia al Qhichua. Es recién con el penúltimo Inca, Wayna Cápac, que el Qhichua pasaría a ser la lengua administrativa del imperio Inca. De este modo, los Incas antiguos tenían una variedad de la lengua Jaqi-aru como vehículo de la administración oficial en los periodos iniciales del imperio, como indican los documentos.

Hasta aquí hemos podido presentar y demostrar con pruebas fehacientes que la lengua Aymara (Jaqi aru) ha jugado un papel importante en la historia general de los Andes. Hoy, después de más de cinco siglos de perseverancia lingüística, aún sobreviven otras lenguas de esta misma familia lingüística como es el Kawki y el Jaqaru (Jaqi-aru). Estas lenguas son habladas actualmente en la provincia de Yauyos, departamento de Lima, que sin duda estuvieron conectadas en el periodo del Imperio Wari. Estas lenguas son importantes legados culturales de los antepasados andinos y testimonios vivos de la identidad cultural andina.

A pesar de las fuerzas foráneas y alienantes que se cernieron sobre la consciencia cultural de sus hablantes durante muchos siglos, actualmente el Aymara es todavía la lengua de alrededor de tres millones de habitantes repartidos entre las repúblicas de Chile, Bolivia y Perú. Las campañas de escolarización, alfabetización, castellanización y catequización han sido los instrumentos más perjudiciales para la conservación de las lenguas andinas. Por ejemplo, hoy tenemos al Kawki y el Jaqaru en vías de extinción. En este sentido, los programas y proyectos de educación han sido instrumentos de destrucción lingüística y cultural de sus hablantes, ejercidos desde las instituciones oficiales como las escuelas, colegios, núcleos escolares campesinos, etc. Estas instituciones oficiales generaron la alineación cultural, lingüística y social en todos los ámbitos de la vida andina.

Los expertos en esta materia han vertido sus opiniones sobre este problema socio-cultural y lingüístico. La verdadera educación hace consciente de su realidad a los miembros de la comunidad y compromete a dignificar sus valores culturales, generando una mentalidad de personas seguras de sus tradiciones y de todo su acervo cultural, con una visión integral y coherente de su región, del país y del mundo (INIDE 1972).

Las políticas educativas en los países andinos siempre se han orientado a la erradicación de las lenguas y culturas nativas, justificando tales políticas en pro de la unidad nacional. Sin duda, los siglos de colonización, explotación, subyugación y discriminación han sido los peores periodos para las lenguas y culturas nativas. Frente a esta realidad, estos pueblos han optado por la convivencia pacífica, aceptando las imposiciones foráneas y arbitrarias para sobrevivir cultural y lingüísticamente hasta nuestros días. Frente a la encrucijada que atraviesan las lenguas y culturas andinas, sus líderes a propósito ya se han manifestado a través de la historia por la reivindicación cultural y social como una nación consciente y orgullosa de sus valores culturales andinos.

Las rebeliones de Tupak Amaru y de Tupak Katari del siglo XVIII y los levantamientos Aymaras en el siglo XIX en los pueblos andinos de Wanchu-Huancane, Willkas, Pumata, Quiñuani y Llallagua son manifestaciones latentes en una y otra época, reclamando su liberación, derechos, y justicia para participar y alcanzar su definitiva redención con el fin de autodeterminarse como nación.

En la actualidad, los proyectos de promociones sociales, los planes y programas de educación bilingües no toman en cuenta las características culturales, lingüísticas y sociales de las naciones nativas que conforman las sociedades andinas. Los movimientos sociales y políticos que conmueven los países andinos en los últimos tiempos son manifestaciones de clamor para recuperar y reivindicar sus valores culturales que han sido extirpados y destruidos.

Las políticas integracionistas de los gobiernos del pasado han llevado al fracaso los programas de castellanización, catequización y modernización, cuyos resultados son y fueron: alienación, domesticación e indoctrinación, en desmedro de las culturas y lenguas nativas de los Andes en particular. La postración y discriminación de las culturas nativas se deben a la ignorancia supina por parte de los gobiernos de turno que implementaron los programas de exclusión y discriminación a las poblaciones nativas andinas.

Al respecto ya denunció un líder andino, M. Ch’ila, que el fruto de la Castellanización y colonización, ha violado todos los derechos humanos existidos y por existir. Por esta razón, denunció este líder andino que los programas mencionados son: “antihumanos, antihistóricos y antipatrióticos,” (Grondín 1970).
A pesar de la resistencia de los grupos que profesan el racismo y exclusión, hay gobiernos andinos conscientes de las realidades socioculturales y lingüísticas. Estos gobiernos ya han lanzado planes y programas educativos para solucionar algunos de los problemas más urgentes. Uno de esos programas es la educación bilingüe e intercultural en ambientes donde las lenguas nativas siguen siendo usadas. Estos programas, sin duda, facilitarán la promoción, preservación y desarrollo de las lenguas en muchos casos de las mayorías.

En el Perú, las poblaciones Aymara hablantes han reivindicado su identidad cultural a nivel de los municipios provinciales y distritales. Después de las elecciones municipales de 2006, se han declarado como bilingües, oficializando el Aymara, además del castellano. En particular, los municipios provinciales de Chucuito, Collao y el municipio distrital de Ácora han declarado el Aymara como lengua oficial de sus jurisdicciones. De esta manera, están recuperando el significado de sus valores culturales ancestrales, de acuerdo con la realidad cultural y lingüística de sus territorios.

El país andino de Bolivia ha emprendido planes y programas bilingües que han producido cambios profundos para los pueblos Aymaras, Qhichuas, y Guaranies. El ministro de educación de Bolivia ha anunciado a través de los medios de comunicación en el mes de enero de 2007 que tienen programado el desarrollo dinámico de las lenguas nativas como parte de un programa de descolonización a nivel nacional. Por otro lado, el funcionario Aymara, Donato Gómez, agrega: “Estamos luchando por los derechos legítimos, en este caso la identidad cultural” (Radio Patria-nueva 2007). Recientemente, el actual presidente de Bolivia, Evo Morales, ha anunciado que se crearan universidades dedicadas al estudio de las culturas andinas, incluyendo, con parte de ello, el estudio de las lenguas Aymara, Qhichua, y GuaranÍ.

En este contexto social e histórico, auguramos que la tecnología informativa y otras disciplinas sociales también facilitaran la promoción, preservación y desarrollo de este patrimonio cultural tan rico en la historia social y lingüística andina y, por ende, reivindicará el clamor de una identidad cultural y lingüística Aymara que fue postergada durante siglos de subyugación y discriminación social.

Referencias
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Bertonio, Ludovico, 1984 (facsímile de original publicado en 1612): Vocabulario de la lengua aymara, en Serie Documentos Históricos, no. 1. Cochabamba, Bolivia: Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social.
Cerrón-Palomino, Rodolfo, 1998: El Cantar de Inca Yupanqui y la Lengua Secreta de los Andes, Revista Andina: v. 16, no.2. Cusco, Perú: Centro de Estudios Rurales Andinos ‘Bartolomé de Las Casas.’
D’Altroy, Terence N., 2002: The Incas, Malden, Mass.: Blackwell Publishers.
Ferrel, Marco A, 1996: Textos Aimaras en Guaman Poma, Revista Andina: vol. 14, no.2. Cusco, Perú: Centro de Estudios Rurales Andinos ‘Bartolomé de Las Casas.’
Galdos Rodrigues, Guillermo, 1976, Visita a Atico y Caraveli (1549), Revista del Archivo General de la Nación, v. 4/5. Instituto Nacional de Cultura: Lima, Perú.
Grondín, Marcelo, 1970: Nación Aymara, Oruro, Bolivia: INDICEP editores.
Hardman, M.J., 2001: Aymara, LINCOM Studies in Native American Linguistics: monograph no. 35. Munchen: LINCOM Europa.
INIDE (Instituto Nacional de Investigaciones para el Desarrollo Educativo), 1972: Revista del Maestro Peruano, Educación, Suplemento no. 4.
Llanque Chana, Justino, 1974: “Educación y Lengua Aymara,” tesis, Normal Superior de Varones, ‘San Juan Bosco’, Salcedo, Perú.
Lumbreras, Luis Guillermo, 2000: Las formas históricas del Perú, IFEA (Institut francais d'etudes andines), editores (Colección Alasitas). Lima, Peru.
Lumbreras, Luis Guillermo, 2006: Peru: Art from the Chavin to the Incas. Edited by Patrick Lemasson, Milan: Skira; London: Thames & Hudson (distributors).
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Murra, John, 1975: Formaciones económicas y políticas. Instituto de Estudios Peruanos: Lima, Perú.
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Torero, Alfredo, 1974: El Qhichua y la Historia Social Andina, Lima: Universidad Ricardo Palma.
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Urton, Gary, 1990, Chapter IV, “Andean Social Organization and the Maintenance of the Nazca Lines,” in The Lines of Nazca, Memoirs of the American Philosophical Society, no. 0065-9738, v. 183, Anthony Aveni, editor. Philadelphia: American Philosophical Society.
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1 Metástesis (cambio de sílabas) como en el caso de ch’ullu versus lluch’u y tarwi versus tawri.

2 Evidenciamos la pérdida de consonante inicial jota velar [j] con otros ejemplos Aymara de hoy: ayu en vez de Jayu (sal); Amachi en vez de Jamachi (pájaro); y Ilave en vez de Jilawi (lugar del hermano mayor [jilaqata], en contraste con sullkawi (lugar del hermano menor).

SOBRE EL AUTOR
Justino Llanque Chana nació en la villa de Suqa-Acora en el Perú. Realizó estudios en la Universidad Nacional del Cusco y Normal San Juan Bosco de Salcedo, ambos en Perú. Hizo estudios graduados en los EE.UU. en Antropología Lingüística y bibliotecología en la University of Florida y Florida State University, respectivamente. También, hizo estudios graduados en administración educativa en Andrews University en Berrien Springs, Michigan. Es miembro de la Academia Peruana de la Lengua Aymara (APLA), institución que promueve el desarrollo de la literatura Aymara y la concientización de la identidad Andina.

J. Llanque ha participado como especialista en la enseñanza de la lingüística Aymara desde enero de 1976. Actualmente, labora en la colección Latinoamericana de la University of Florida, forma parte del equipo de Proyecto Aymara que ofrece la enseñanza de la lengua en el Internet y continúa con las investigaciones lingüísticas y antropológicas para producir materiales en el área de lingüística histórica Aymara.

Más sobre el Proyecto Aymara

En la 56th Conferencia Anual del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Florida, EE.UU., 14-15 febrero de 2007, se hizo el anuncio acerca de un programa de la lengua Aymara en el Internet, con el título de: “La Importancia de la Lengua Aymara en el Internet”

miércoles, 21 de julio de 2010

Presentan poemario “Las Pálidas Palomas” en Puno


PUNO. Del autor Edmundo Castillo Zaga

Escribe: Los Andes


“Las Pálidas Palomas” es la denominación del poemario escrito por Edmundo Castillo Zaga, natural de la provincia de Chuchito – Juli. La obra se la dedicó a la población andina.

Señaló que su poesía ha sido antología mundial de 44 poetas de Luis Minguez “Orejanilla” publicada en España en el año 1981, además de Luis Felipe Soares, César Vallejo, entre otros.

Según el autor, “Las Pálidas Palomas”, constituyen un discurso poético, que puede ser reprochable por los lectores y críticos literarios. Además, este poemario no es un proyecto fantasioso para cristalizar ilusiones; sino una realidad, pues es evidente decir, que las mujeres son palomas mensajeras de la paz, metafóricamente.

Mencionó que “Las Pálidas Palomas”, ha sido publicada a través de un mimeógrafo artesanal, pero ahora está publicando la primera versión real que consta de 30 páginas, escrita en las localidades de Platería y Juli (Puno) y en la región Tacna.

Dijo que la publicación del poemario ya entró a la venta en Bolivia, pues en el Perú se realizará a partir de los próximos meses y el costo es de dos nuevos soles que se realizará en las ciudades principales. (KCH)

domingo, 11 de julio de 2010

Erotismo y humor en las narraciones de Luis Gallegos


Escribe: Jorge Flórez Áybar

A Luis Gallegos lo conocí en la década del 70, aún era un escritor en ciernes. Una mañana cuando me hallaba sentado en el sillón del Dr. Samuel Frisancho Pineda, a quien reemplacé en la dirección del periódico Los Andes por un corto periodo, ingresó Luis Gallegos tímidamente a mi despacho con un artículo que deseaba que se publicara. Le hice una observación y la aceptó. El artículo salió ese mismo día. Y Luis Gallegos desapareció durante una semana. Al término de esa ausencia me confesó que se había escondido y que pasó los siete días atisbando las calles desde las ventanas y azotea de su casa. Era su primer artículo en Los Andes. Pensó que todo el mundo iba a comentar sobre el contenido del susodicho artículo. Al término de su encierro caminó por calles, avenidas y plazas, se encontró con amigos, pero nadie le comentó nada de nada. Ese primer encuentro en el diario Los Andes marcaría para siempre nuestra aventura literaria. Su genialidad para abordar los temas de la región, su fogosidad temperamental y la intensidad de su espíritu aymara hicieron de él un gran escritor.

Nuestra primera aventura fue el periodismo. La revista Titikaka fue nuestra trinchera literaria. Sus páginas convocaron a escritores del país: Ernesto More, José Tamayo Herrera, Ricardo Arbulú Vargas, Estuardo Núñez, Enrique Cuentas Ormachea, Omar Aramayo, Juan José Vega, Gustavo Pérez Ocampo, Augusto Ramos Zambrano, Serapio Salinas, Antonio Rengifo entre otros, animaron la circulación de nuestro vocero. Fue un primer ensayo periodístico. Nuestro ejercicio escritural no estuvo al margen de la bohemia. Nos perdimos innumerables noches de luna en su departamento, o en la casa de Leoncio Flores Valdez, hasta en un parque solitario de la ciudad. A veces nos acompañaba el poeta Alberto Cáceres Gómez o la música de Vicente Achata Vargas o la guitarra (tenía la forma de una calavera) de Andrés-Pupa Dávila. Un día, cuando creímos que la gloria estaba a nuestros pies, nos fuimos a la Ciudad de los Vientos. Nos recibió el poeta José Parada Manrique en su domicilio, le entregamos un número más de Titikaka, se entusiasmó tanto que nos llevó a los kioscos para que allí pudiera no solo exhibirse sino venderse. Aunque Uds. No lo crean ningún kiosco aceptó nuestra revista. El entusiasmo se derrumbó al desandar nuestros pasos. El primer trago que ingresó por nuestras gargantas fue el más amargo. Cuando las sombras de la noche cayeron en la ciudad nos fuimos a la plaza de armas, instintivamente, amontonamos las revistas e hicimos la más grande de las fogatas. El vino, los versos y los discursos fueron el ingrediente de nuestra euforia. Solo recuerdo que amenazamos que nunca más llevaríamos una revista literaria a la Ciudad de los Vientos y que más bien, les venderíamos piedras sobre piedras para que sigan construyendo su ciudad.

El año 1983, Luis Gallegos publicó su primer libro, Dicen que nos van a dar tierras. Cuando leo el título de sus cuentos percibo no solo el chasquido de su sonrisa socarrona sino la intención burlona, a veces teñida de humor negro, que nos hace dudar del mensaje: Dicen que nos van a dar tierras. El término Dicen connota eso y mucho más. Se burla de los políticos: de sus promesas, de sus mentiras, de su acoso sexual, de la corrupción. Pablo Ojeda, en el colofón del libro, expresa: Con fuerza y con entereza, Luis Gallegos retrata críticamente cómo es que los comuneros quedan al margen de la reforma agraria y de la algarabía de quienes entregan títulos y dicen que la tierra es de quien la trabaja. Se aprecia en el cuento la duda del comunero y su desengaño. Este libro tiene varias ediciones. Fue un libro que en su momento sacó chispas, por eso creo que los textos se tienen que analizar teniendo en cuenta el tiempo y el espacio. Por supuesto englobado dentro de su contexto cultural. Después vendrían otros libros: Las voces del viento, Barlovento, Las minas del diablo. Fueron textos que superan al primer libro, pero un padre a veces prefiere al primogénito. Por eso Luis Gallegos recordará siempre el cojudiómetro, relato que se halla en Dicen que nos van a dar tierras. Al escritor Cronwell Jara siempre le agradó leer y releer los relatos y cuentos entre vino y vino y exclamará: Cómo me fascinan sus relatos de tono mítico, por su aparente ingenuidad, pero de honda sabiduría. Después nos llegará su primera novela: Las plagas y el olvido, edición que estuvo a cargo del poeta Alberto Cáceres Gómez. Aquí habría que aclarar algunos hechos: Luis Gallegos se formó literariamente en la universidad de la vida, sus lecturas permanentes, los debates que solíamos tener en su departamento fueron moldeando su ejercicio escritural. Él como escritor era consciente de que el novelista era como una esponja que debe empaparse de la realidad. Proust siempre estaba entre nosotros. Y sabía también que la soledad, la muerte, el absurdo, la esperanza, el amor, la desesperación son temas permanentes de toda buena literatura. Y que todo buen escritor debe estar en su obra como dios en su creación: invisible y todopoderoso. Todo eso refleja la totalidad de su obra porque su experiencia vital fue también grandiosa. Agudo observador de la sociedad que muchos antropólogos y sociólogos carecen. Posiblemente coincidiría con García Márquez que solía decir: Yo no podría escribir una historia que no sea basada exclusivamente en experiencias personales, por supuesto que las experiencias históricas son más importantes que las personales, expresaba Alejo Carpentier. Aunque Borges piensa de otro modo: Los demonios culturales importan más que los históricos: muchas obras he leído y pocas he vivido. Ante estas disquisiciones, Luis Gallegos consideró que la inspiración es un estado espiritual del poeta o narrador excepcionalmente tenso para desembocar luego en la creación misma, a fin de cuentas el novelista es el creador de una nueva realidad o en todo caso de una realidad artística o ficticia. Sin duda que le fue muy difícil ingresar a los predios de las técnicas modernas de narrar. Pero su terquedad le permitió experimentar algunas técnicas como producto de sus lecturas y conversaciones y uno de sus logros es precisamente cuando utiliza ya no a un narrador omnisciente para contar sus historias, sino que atrapa a uno de sus personajes para que lo haga, creando sus propios planos. O sea que la materia no llega en un orden cronológico real de los sucesos sino a través de fragmentos fracturados que corresponden a momentos distintos del pasado, o sea que esta distorsión temporal es paralela a una distorsión espacial.

El enfoque que acabo de plantear corresponde a su segunda etapa creativa, es decir a sus novelas cortas. En ellas experimentó todas las formas que quiso. Los temas, el lenguaje y la composición fueron reinventados. Ingresó a un campo mucho más práctico. Dejó la novela y los cuentos por la novela corta dando inicio a una nueva narrativa. Y aparece un escritor revitalizado, preocupado en profundizar los valores tradicionales, el amor y la fe, le preocupa más la situación angustiosa del hombre moderno que se siente totalmente solo frente a un mundo mecanizado. Por eso sus argumentos no tiene muchas veces un desenlace dramático. Así nos llegará Don Lorenzo Cotillo y su tiempo, La orgía del moro, Tiempo de amores en Saucamarca, La fiesta de la tía Braulia, El coronel de la espada virgen y muchas más. Aparece el erotismo en todas sus formas, incluso él acepta ser el iniciador de la literatura erótica en nuestra región, algunos deslenguados confunden erotismo con pornografía. Hubo cierta confusión conceptual, felizmente fue superado este mal entendido. Las novelas cortas con este nuevo ingrediente le dio al autor muchas satisfacciones. Por un lado, vendía rápidamente los mil ejemplares que editaba. Y por otro, sus lectores le pedían más, incluso le sugerían los temas que debía escribir. Aquí es donde Luis Gallegos descubre que sus personajes deben ser construidos en su naturaleza humana y más realistamente en una sociedad hipócrita que Gallegos supo romper, aplastar. En mi último encuentro le pregunté a boca de jarro, ¿con cuál de tus libros te quedas? Me respondió, con Tiempo de amores. De todo cuanto leí de Luis Gallegos algo quedó en mí, por ejemplo aquella escena donde el jinete Aguilar, al ver a su sobrina, espolea a su caballo y va a gran velocidad a su encuentro, desmonta y le sube la falda a la muchacha, le rompe las bragas y ve un lunar en una de las nalgas y dice, realmente eres una Aguilar. Me parece que este episodio se encuentra en La fiesta de la tía Braulia. Y en ese mismo relato nos cuenta que durante la fiesta los invitados no necesitaban de mozos que les llenaran de vino los vasos porque bastaba con abrir los pilones de la casa para recibir su cuota de vino. Pero el erotismo en las obras de Luis Gallegos aparecen ya en su novela, Las plagas y el olvido: Teresita te amo mucho, la volví a besar, le abrí la blusa y le acaricié los senos, pequeños y muy turgentes (…) bajé mis manos a la altura de su vientre, la tomé de ambas piernas y la suspendí. Cuando supo que el momento estaba próximo empezó a quejarse… (p.75) O en este otro ejemplo: Con el rítmico entrechoque de los pubis el viejo catre empezó a chirriar. En un comienzo el sonido les pareció otro estimulante asociado a la sensación placentera del amor, después el chirrido se tornó monótono y aburrido. La imaginación y la atención de los amantes se concretaban en escuchar la musiquilla producida por el catre y el placer los iba abandonando poco a poco. Villalobos de sus lecturas de la literatura hindú, que dice que el acto sexual viene del cerebro y es cuando le propuso a Sandra bajar al suelo, encima de la alfombra, para concluir con toda tranquilidad el placer, el acto más sublime de la vida. (p.116). La diferencia entre su novela y las novelas cortas radica en que aquella demoraba más en venderse, por eso prefirió las novelas cortas porque salían como pan caliente.

Al desaparecer la revista Titikaka creo que se rompió también nuestra amistad porque me fui como docente a la universidad. La distancia y el trabajo me exigieron dedicación y estudio. Olvidé a los amigos de la ciudad. A Luis Gallegos lo llamé pocas veces por teléfono y la amistad fue agonizando, a pesar de haber encontrado una nueva tribuna, Universidad y pueblo. Le pedí que colaborara con la revista, pero fueron escasas sus colaboraciones. Creo que fui leal al amigo, al camarada, al maestro, al escritor. La siguiente anécdota creo que convalida lo que hoy expreso: El Instituto Americano de Arte me encargó la edición de la revista de la institución, MOSAICO. Cuando salió el primer número de la revista, el presidente del IAA, Walter Tapia Bueno, me dijo: en el siguiente número ya no ponga a Luis Gallegos como Jefe de Redacción. Yo le respondí: Está bien. Cuando circuló el número 2 de la revista Mosaico volvió aparecer el nombre de Luis Gallegos como Jefe de Redacción. Desde esa vez, desapareció Mosaico y yo de la institución.

Ese distanciamiento debilitó un poco la estructura de nuestra amistad, a pesar de que hicimos algunos viajes a las ciudades de Cusco, Arequipa y Tacna. Éramos un grupo compacto: Feliciano Padilla, Alberto Cáceres Gómez (Pacha J. Willka) y Luis Gallegos, por supuesto que yo también integraba la delegación. La comunión de nuestras ideas nos fortalecía. Generábamos polémica y debate. Pero nunca olvidaremos el debate que se produjo en Tacna. Gallegos contradijo todo lo que se había expuesto en la mesa de debates. Padilla y Cáceres hacían los esfuerzos supremos para enderezar conceptos y parte de la historia de los incas. Al final aceptamos que los incas fueron unos tiranos y que construyeron palacios y monumentos con la sangre del pueblo. Hasta ahora me pregunto qué es lo que aplaudieron a rabiar allá en Tacna, ¿fue nuestra participación? ¿Acaso el debate generado desde nuestra propia trinchera? Porque debo suponer que la polémica debió partir del público y no de nuestra mesa. Pero el tiempo me dice que el debate se enriqueció desde todos los ángulos porque se definió nuestra identidad y tomamos posición frente a lo occidental. Después nos perdimos en las chacras tacneñas de Pocollay donde las uvas lloran porque los bohemios beben mucho vino. Sabino Maquera es un poeta aymara, esa noche recitó su poema A la bandera. Esa misma noche, Luis Gallegos sufrió un atentado al apartarse del grupo, un enorme perro casi le baja los pantalones, y en ese preciso instante recordó a Cuellar, personaje de la novela: La ciudad y los perros. Los escritores Sabino Maquera, Fredy Gambeta y otros fueron como siempre los anfitriones.

El 2001 me retiré de la universidad y mis viajes se hicieron constantes y prolongados. Cusco y Tucumán eran mis lugares preferidos. Allí empecé a esbozar algunos trabajos que se fueron publicando en estos últimos años. Hace poco me encontré con Luis Gallegos, conversamos mucho, como antes, pero nuevamente tuve que trasladarme hacia el Cusco. En ese mi viaje pensé en él y en su obra. Ahora ratifico lo que hace años expresé: Luis Gallegos es la bisagra de nuestra literatura, con él se abren nuevas posibilidades en el cuento y en la novela. Y él era un buscador de modelos y nuevas formas de narrar. Si nos detenemos por un instante en las páginas de sus novelas cortas podremos encontrar dos niveles del narrador: cuando se encuentra fuera de la escena (nivel extradiegético) y cuando el narrador cuenta los hechos (nivel diegético). Eso se debe a que siempre fue el primero en rebelarse contra un canon asfixiante y envolvente e hizo lo que quiso hacer. Creo que fue consciente de aquello que solíamos conversar: el que sigue los pasos de otro, nunca dejará sus propias huellas. Y en ese último encuentro, cuando íbamos a despedirnos, se acercó mi hija a saludarnos. Cuando ella se retiró comentó: Norka está muy alta o nosotros nos estamos achicando. No respondí porque hubo una lágrima que me jodía los ojos, era una verdad que dolía mucho. Luis Gallegos se alejó con sus pasos cansinos, iba arrastrando sus noventa años bien vividos. Quiero creer que así fue. El reciente homenaje que le rindieron los rotarios en el club Kuntur la semana pasada fue relevante porque revalora su trabajo literario. Bien hecho.

Penélope


Cuento

Escribe: Darwin Bedoya

Penélope se levanta en la media noche de las eternas horas en Ítaca. Contempla aterrada el costado vacío de su cama, y su rostro cambia notoriamente. Si alguien pudiera verla como yo, entonces sabría que tiene unas rojas alas de mariposa tropical, unas alas llenas de angustia, melancolía y, especialmente, unas enormes alas colmadas de odio. Ellas producen un tenue vaivén que al final, parece ser lo único vivo en ella. Ensancha su mirada por toda la alcoba y no puede comprender un antiquísimo «volveré pronto» que hasta hoy no se atreve a llegar hasta sus oídos. Hace tantos años que él se fue y hace tantos años que le prometió, a Penélope, volver un día.
Las primeras aflicciones que desconcertaron su pecho, aparecieron cuando le pidió a la vieja Euriclea que hiciera dos desayunos en vez de uno. Los segundos dolores, de hace muchísimo tiempo, fueron cuando no tuvo con quién discutir por el color de una túnica, el costo de unas sandalias y la compra de un manto de piel de ciervo. Las terceras dolencias, de incontables minutos, se presentaron cuando nadie respondió a su llamado desde su aposento de reina.
Parece que sus penurias la están cambiando demasiado. Ahora, por ejemplo, está pasando algo grave. Los rumores en el palacio dicen que está excediendo en sus arreglos faciales. Dicen que su maquillaje representa un excesivo gasto cuando, al fin y al cabo, nadie puede verla así de bella. A veces se pasa días íntegros frente al espejo. A veces se extravía en su razón porque algunas sirvientas han contado que habla sola en su habitación. Dicen que a menudo se responde a sí misma cuando pregunta a las guisanderas, qué quiere para cenar.
Cuando sale a contemplar el mar, a veces finge mirar más allá de las azules aguas. Aparenta alegrarse cuando dice que una columna de embarcaciones surca el mar y hace preparar banquetes exclusivos para los valientes que vuelven de Troya. Porque finge al decirle a Telémaco que consultará con el Rey. Finge preguntarle al viejo Argos si su amo está bien, si le habrá gustado la cena de ayer. Pero no es cierto, Penélope está lejos de perder la razón. Porque, en el mundo, no hay mirada más lúcida que la de ella. No podría haber ojos más astutos que los de ella, especialmente en la media noche, cuando Telémaco llora por la ausencia de su amado padre.
Ella celebra que su táctica nunca será descubierta. Pero ya no podrá seguir luciendo ese rostro «desconsolado». Porque si, como yo, echaran un vistazo a Penélope, sabrían que después de la media noche, cuando ha terminado de destejer los lienzos, sus alas, en vez de rojas, empiezan a desplegarse azules y vertiginosas. Si alguien pudiera verla como yo, sabría que desde hace años ella desciende hasta «nosotros», siempre en las noches, volando, desde lo alto del palacio. Pero lástima, eso lo sabe únicamente un temeroso pretendiente al que le negó esos ardientes favores que a los demás, cada noche, regala impetuosamente.

Cuento inédito. Darwin Bedoya del libro "Muñecas de ceniza"